Depresión y desánimo en el embarazo. Buenos días tristeza.

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He deseado este embarazo con todas mis fuerzas, debería sentirme alegre y feliz. Sin embargo me encuentro triste, decaída, aterrada sin dejar de pensar en lo que se me viene encima. A veces despierto por la noche, asustada, sin poder volver a dormirme. He perdido el apetito. Me encierro en casa sin ganas de salir. Hay días que estoy sin energía, con un cansancio raro, agotador. A punto de gritar socorro. Lo peor de todo es que soy incapaz de contarlo. No puedo decírselo a mi marido, que flota en una nube; ni a mi madre, que no cesa de cuidarme, ni a la matrona; que insiste en que asista a sus clases, ni a mis amigas que solo hablan de lo feliz que debo estar, a nadie. Me verían como un bicho raro. Qué vergüenza. De verdad, no lo entiendo. ¿Qué me pasa?

Guardé este testimonio que encontré en internet haciendo una búsqueda para preparar unas clases. Llamó mi atención porque era la primera vez que escuchaba a una embarazada hablar de sus emociones y sentimientos con tanta sinceridad. Hoy vuelvo a él para hablarte de ello. Hablarte de esa especie de tristeza pasajera, abatimiento o depresión subclínica que puedes experimentar en el embarazo.

Y es que el temor y la incertidumbre ante la llegada del bebé, inunda los días con un color entre gris y rosa que nos hace vulnerables. Hace años se pensaba que las hormonas de la gestación protegían a la madre de las alteraciones de ánimo, como cuadros depresivos y ansiedad. Hoy en día, se cree que estas hormonas alteran la química cerebral propiciando esas emociones tan incómodas y desconcertantes que puedes sentir.

La investigación sugiere que muchos de los trastornos depresivos prenatales son el resultado de la amplificación de los síntomas físicos propios del embarazo. Es importante diferenciar cuadros pasajeros de tristeza o melancolía de otros cuadros que revisten mayor gravedad. Un 33 por ciento de las mujeres experimentan depresión clínica o un trastorno de ansiedad en algún momento de la gestación.

Un proverbio chino dice: “No puedes evitar que los pájaros de la tristeza vuelen sobre tu cabeza, pero si puedes evitar que aniden en tu cabellera”

Se sabe que el estado emocional de la mujer varía en función del periodo de gestación. Aparecen más altibajos emocionales al principio y al final de la misma. La mayoría de veces remite espontáneamente en el 3º trimestre, cuando aceptas tu situación y tus respuestas son más adaptativas.

Todos lo sabemos, el mito de que la mujer embarazada debe ser muy feliz es casi viral. Cierto. Y revelar sentimientos de tristeza puede llegar a ser muy duro. Sin embargo necesitamos hablar, necesitas expresarte y contar lo que piensas. Recuerda que tú y solo tú eres la que eliges qué pensamientos entran en tu cabeza, en tu conciencia.

¿Qué puedes hacer?

• Ser honesta contigo misma y aceptar esos sentimientos, esas incomodas emociones como quien acepta las tormentas, el mal tiempo que viene y va.
• Contar con un sistema de apoyo social fuerte. La mayoría de madres han pasado y sienten lo mismo que tú, sólo que lo han silenciado. Busca amigas, compañeras de trabajo, tu pareja, tu familia y cuenta con ellos. Utiliza el método llamado terapia de conversación.
• Fototerapia. Salir a la calle. La terapia de luz es una de las alternativas que eficazmente se emplean para cuadros melancólicos o pseudo depresivos, según un ensayo publicado en la American Journal of Psychiatry.
• Actuar de forma proactiva. Traza un plan para contar con personas a las que puedas llamar cuando te sientas en esos días bajos.
• Tomate las cosas con calma, relativiza las preocupaciones y vive el presente.
• Rodéate de gente positiva, gente que te haga reír y te muestre el lado bello de la vida.
• Pasea, camina, baila, canta. Haz actividades divertidas, busca grupo de iguales.
• Si te sientes desbordada, acude a psicoterapia. Hay tres tipos principales que han demostrado ser útiles; terapia cognitivo-conductual, psicodinámica y terapia interpersonal.

Lo esencial es pedir ayudar y dejarte cuidar. Evitar que un cuadro de adaptación psico emocional a tu nuevo rol se convierta en un cuadro depresivo. Sabemos que hay correlación entre la depresión antenatal y la incidencia de partos prematuros, cesáreas, preclamsia y depresión posparto.
Lo más seguro es que tus vaivenes emocionales no revistan gravedad. Si tienes alguna duda, aquí te dejo una relación de señales que si las experimentas de forma continuada durante dos o más semanas, es aconsejable que pidas ayuda a un profesional.
• Tristeza y llanto continuo
• Temores, culpa y ansiedad
• Insomnio
• Irritabilidad
• Ataques de pánico
• Falta de apetito
• Deseo de dormir y no salir de la casa
Relájate y disfruta este tiempo único. Deja que los pájaros de la tristeza solo sobrevuelen tu cabeza y se marchen. De esta forma evitarás despertarte con esa coletilla que popularizó la novela de Francoise Sagan, Buenos días tristeza.

http://embarazoyparto.about.com/od/PreguntasFrecuentesCuidadosEmb/fl/Tu-estado-de-aacutenimo-y-cambios-de-humor-en-el-embarazo.htm

http://womensmentalhealth.org/specialty-clinics/psychiatric-disorders-during-pregnancy/
http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1867919/

La asertividad, asignatura pendiente en la maternidad

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No sirve de nada, además mi marido dice que eso de la asertividad son tonterías. Aquí manda quien manda.

He escuchado ese comentario varias veces, es como la coletilla gris y desafinada que seguía a mis sugerencias de que alzaran la voz. Sugerencias hechas con cariño a esas mujeres embarazadas que asumen el silencio y el aguante como parte de su feminidad.

Conseguir que una gestante sea asertiva, proteste, haga valer sus derechos y, sobre todo, lo haga por escrito, es casi tarea de titanes.

Hace unas semanas escuché la queja sincera, necesaria y razonable de una mujer que quería permanecer con su hijo tras una cesárea, en la sala de reanimación. Cuando le sugerí que pusiera una reclamación por escrito, ella calló y bajo la mirada al suelo. Como tantas veces en todos estos años supe que no la pondría.

Por supuesto, nuestra voz, la voz de los profesionales se ignora. Nuestra asertividad se pierde como lágrimas en la lluvia, igual que el monologo final de la película Blade Runner. Los cambios parten de la ética de la necesidad. Y si las madres callan, no hay palabras, ni necesidades, ni demandas que escuchar y mucho menos que atender.

Hace años, las gestantes que estaban ingresadas en planta se quejaban de la insuficiente cantidad de comida que recibían. Cierto. Se lo dijimos a la supervisora, a la dirección de enfermería, a cocina y…nada. Hasta que un día una compañera cansada de escuchar las constantes quejas de las mujeres, les dijo que lo hicieran por escrito o se buscaran la vida. Ni cortas ni perezosas dos de estas mujeres tomaron la bandeja de la comida del mediodía y se fueron al despacho del gerente. A partir de ese día, esa misma noche, todas las dietas vinieron con comida extra.

 “Una persona es asertiva cuando es capaz de ejercer y/o defender sus derechos personales, como por ejemplo decir “no”, expresar desacuerdos, dar una opinión contraria y/o expresar sentimientos negativos sin dejarse manipular, como hace el sumiso, y sin manipular ni violar los derechos de los demás, como hace el agresivo”. Walter Riso

¿Por qué las mujeres no reclaman por escrito sus derechos? Por escrito, sí, porque al igual que en un juicio, lo que no está escrito, no existe.

El perfil de la persona que ejerce su derecho a protestar es masculino. Las embarazadas son el colectivo que menos demandan. Lo veo todos los días. A pesar de no recibir educación maternal en los centros de salud, a pesar de la desatención emocional que padecen las embarazadas, a pesar del abandono institucional, ellas no protestan. Cierto. Por más  pasen los años, me cuesta trabajo entender  esa  sumisa actitud hacia la incompetente autoridad.

Curiosamente, mujeres embarazadas con estilos de conductas tradicionalmente masculinos, asertivos, activos y dominantes, son más propensas a tener hijos varones. Dr.Valerie Grant en la Universidad de Auckland en Nueva Zelanda señalo en la  revista científica “Personality and Individual Differences” mujeres que presentan rasgos de personalidad masculinos,  pueden tener una tasa mayor de testosterona que favorecería un ambiente más receptivo para la implantación de embriones masculinos.

Los roles sociales nos definen y nos condicionan. La imagen de una mujer dócil, sumisa y callada ha sido y lamentablemente sigue siendo, un valor añadido del eterno femenino. Curiosamente si entráis en cualquier librería online o física encontrareis libros de asertividad enfocados a la mujer. De forma manifiesta o encubierta se dirigen hacia nosotras. Portadas con rostros de mujer, miradas femeninas y un largo etc.

Creo que el tiempo de hablar y hacerse escuchar ha llegado. Y aunque la maternidad sea época de cambios, también es época de fortalezas y seguridad. Desde aquí os animo a expresaros, a ser enérgicas,  a reclamar, a defender, a avanzar y en general a dar voz al ser que lleváis dentro. Quizás no te escuchen, quizás te animen a desistir, no importa. Lo esencial es saber que por unos instantes has sido fuerte, asertiva,  has sido capaz de hablar y si lo has logrado una vez, podrás volverlo a hacer. Adelante.

http://biblio3.url.edu.gt/Tesis/2012/05/42/Con-Carolina.pdf

http://www.psychologytoday.com/blog/wander-woman/201011/the-fine-art-female-assertiveness
http://www.redorbit.com/news/health/104194/body_talk_boy_or_girl_telltale_signs_that_reveal_a/#lolGWsGtKPHbyPsk.99

El negocio del embarazo. La feria de las vanidades

El negocio del embarazo

La valentía nunca pasa de moda. William Thackeray

Cuando no estaba embarazada no era consciente de la cantidad de necesidades que iba a tener después, o mejor dicho, las que la sociedad me ha creado. La que habla es una joven madre agobiada por ese bombardeo continuo y consumista que no cesa de aparecer.

Por más vueltas que le doy, la conclusión es idéntica: el embarazo es un proceso normal, fisiológico que sucede en el 90% de los casos en mujeres sanas,  que han decidido ser madre. Sin embargo navegando por ese océano de web o sencillamente paseando por la calle, aparecen magos sin chistera que solucionan con su varita mágica monetaria los, al parecer,  incontables problemas a los que se enfrenta una gestante, dando la impresión de que gestar es casi sinónimo de enfermar.

La sensibilidad propia de este estado y el bombardeo publicitario han hecho que el valor de la emotividad se convierta en necesidad, palabra más suave y vaporosa que la agresiva y vulgar consumo. Y para ello que mejor que sea a través de un enfoque multidisciplinar. Es decir, empresas, particulares, profesionales y un largo etc. que ofrecen soluciones económicas y eficientes. Una singular industria que  juega con el componente emocional, sobre todo del primer embarazo.

Y me pregunto, ¿soluciones a qué? Quizás sean soluciones comerciales de quienes buscan contemplar el embarazo como un proceso patológico del que desean obtener su parte del pastel. Un embarazo no es un problema a solucionar.

Los cuidados que las mujeres recibían de sus madres, amigos, familiares y pareja, son ahora inexistentes y al parecer perjudiciales.  Las futuras madres aparecen como dependientes de legiones de expertos cuya única misión es hacer la incómoda vida de la gestante, más placentera.

Un fenómeno ya estudiado por la psicología social. John French y Bertram Raven estudiaron las relaciones de poder en la sociedad. El poder del experto. La capacidad de poder que otorga ser competente en algo, especialmente si los otros ignoran todo o parte y se manifiesta en aceptar sus directrices sin cuestionamiento alguno.

Farmacéuticos que cuidan de las embarazadas ¿Cómo? Osteópatas que poniéndote en sus manos desde antes de la gestación hasta el parto logran una armonía corporal perfecta. Podólogos que miman con esmero los sufridos y edematizados pies. Médicos estéticos  que mediante infiltraciones en la dermis de factores del crecimiento (plasma rico y pobre en plaquetas, es textual) previenen las antiestéticas estrías. Dietistas que ofrecen valiosísimos consejos de un experto en nutrición. Fisioterapeutas que ayudan a llevar mejor el embarazo y dentistas, porque solo un odontólogo puede darte medidas preventivas para reducir las bacterias de tu boca.

A todo esto se une un arsenal de productos de belleza, prevención y ropa premamá de última moda que te hará sentirte más guapa y radiante en esta etapa única de tu vida.

¿De verdad necesitas todo ese ejército de “expertos” para estar bien? Sensatez y sentido común. Dieta mediterránea, descanso, caminar y un largo etcétera de medidas sabias y saludables que todos conocemos. Pregunta a tu matrona, es el profesional más cercano y el que mejor  te puede ayudar.

Es triste que manipulen a personas que además de grandes y fuertes, hace falta grandeza y sabiduría para querer ser madres, son más vulnerables y sensibles que en cualquier otra etapa de la vida. Ser valiente también es ser poderosa e independiente  lejos de las modas.  Piensa en ello. Eres más fuerte de lo que crees.

Historias de verano. Parto Natural con Epidural y Sesgo de Confirmación

En el fondo todos queremos creer aquello que nos interesa. Indiscutible. Para ello adoptamos ciertas creencias erróneas o no como si fueran dogmas. Es el llamado sesgo de confirmación. Real como la vida misma.

La otra mañana estaba en el banco esperando cuando una  embarazada delgadísima, morena de pelo largo, sandalias doradas y vestido blanco llegó y se incorporó a la fila. Una mujer dejó su mesa de trabajo para saludarla y preguntarle por su embarazo y parto.

─ Estoy de 38 semanas y seis días. Mañana mi ginecólogo me provocará el parto  porque tengo el cuello dilatado.

─ Y ¿Qué has decidido? ¿Te vas a poner la epidural?

─ He pensado en un parto natural con epidural.

─ ¿Pero eso es posible? Yo creo que no, ¡eh! Infórmate bien.

─ Eso pensaba yo. Pero buscando por Internet encontré casos de mujeres que habían parido a su hijo sin la ayuda de ventosa y eso y, llevaban epidural.

─ Bueno, no sé. Sigo pensando que son dos cosas diferentes.

─ Me ha dicho el ginecólogo que como es pequeñito aunque me ponga la epidural saldrá fácil y a todos los efectos será como si fuera un parto natural.

─ Te llamaré mañana por la noche y me cuentas. Que segura te veo.

─ Hoy en día no ponerse la epidural es un atraso. Por favor. ¡Y que todavía haya mujeres que no se la quieran poner!

No sé porque me gire. Me arrepentí nada más ver que seguía con sus gafas de sol puestas dentro de la amplia sala. Hacía frío. Un señor bajito se quejó del aire acondicionado. Dio igual que le dijera que era matrona, que sabía de lo que hablaba, que una cosa excluía a la otra, que un parto vaginal no es sinónimo de parto natural, que…nada.

─ Mira. Por muy matrona que tú seas, un ginecólogo sabe más. Y si él me ha dicho que con epidural puedo tener casi el mismo tipo de parto que si fuera natural, es que es posible.  Quizás él esté más informado…no sé.

Una señora mayor se unió a la conversación hablando de su época, de sus tiempos y ahí se terminó la polémica.

En psicología se conoce como sesgo de confirmación al hecho de dar un mayor valor a las ideas que confirman nuestras propias opiniones.  Lo hacemos con frecuencia. Incluso solemos recurrir a una fuente externa de poder o credibilidad que respalde nuestras creencias.  Suele acompañarse de un pegajoso empeño por mantener un único punto de vista. Tirantez argumental.

En este proceso las emociones son la reina madre de este tipo de razonamiento. Una respuesta por parte del cerebro muy maternal y protectora. Un cerebro que  trata a toda costa de evitar  el posible malestar que sentimos por mantener creencias contradictorias o disminuir la disonancia cognitiva.

Junto a este sesgo de confirmación, camina su complementario, el llamado razonamiento motivado. Es la tendencia a juzgar de forma crítica aquella información que no concuerda con nuestras creencias. Aquella mañana lo pude ver con toda claridad.

Creo que aunque a mi lado hubiera un doctor, una ginecóloga, un catedrático o quien fuera que pusiera un sello de credibilidad y desmontara su inflexible idea, no la convencería. Pensaría que está desfasado o que desconoce los avances en ese campo. Estoy segura que su ginecólogo le dijo lo que ella deseaba oír.

En cualquier proceso de toma de decisiones, realizamos una evaluación del coste personal que puede llevar el equivocarnos (pérdida de prestigio personal, de rol social, merma económica, etc.)  y eso nos lleva a abrazar argumentos que confirmen nuestra actuación, incluso aunque sean incómodos de mantener.

Y es que este tipo de procesos inconscientes mantienen a salvo nuestra integridad personal. Dándonos la razón damos sentido a nuestras vidas, lo que hacemos, lo que pensamos y lo que queremos sentir.

Ojalá y esa madre haya tenido el tipo de parto que esperaba alcanzar.

http://www.psych-it.com.au/Psychlopedia/article.asp?id=318

 Carta de una embarazada a amigos y familiares. Redes sociales

 

 Embarazo época de cambios, cambios psicológicos en el embarazoSe acerca el tercer trimestre, se acerca el tiempo final y, tengo miedo. Antes de que el cansancio me abrace y el temor me haga más vulnerable aún, quiero pediros unas cositas:

Decirme que estoy guapa, incluso aunque no lo penséis y me veáis patosa, cambiada,  hecha un tonel. Sed encantadores y decírmelo. En estos momentos, adoro esas mentiras y, las necesito como agua de mayo.

Estoy tranquila y un poco asustada, comprenderme. Una dulce agitación sube y baja por mi vientre, por mi cabeza. Me siento alegre y nostálgica a la vez. Titubeo. Hay tanto que os quisiera decir, que no se por donde empezar. Os necesito aunque parezca que os rechazo.

No  llenéis mi cabeza de imágenes dulzonas de falsas expectativas, de ilusiones vanas. Aunque me paso los días soñando con mi bebé,  camino sobre la tierra. Mimarme sin excesivas concesiones. Necesito sentirme fuerte, independiente, vital. Repetirme  de vez en cuando que estáis seguros que seré una buena madre, una gran madre.

A pesar de mis ojeras, cara de cansancio y manchas de la piel quiero que me digáis que estoy radiante, guapísima, súper atractiva. Prefería no escuchar de vuestros labios eso de; deberías aprovechar para salir, ir al cine, viajar, vivir…todo. No me voy a enclaustrar. Pienso hacer todo eso y mucho más cuando nazca mi hijo.

Por favor no me contéis  historias de espantos, ni habléis  de finales tristes, ni partos desgarradores,  ni nada que suene a  pesimismo. Quiero ser optimista.   

Respetar mi decisión de querer vivir un parto natural, en principio, sin reprochar mi opción. Aunque en el fondo, montones de  dudas aún flotan sobre mi cabeza respecto a ponerme o no anestesia  epidural. Llenar mis días de palabras alentadoras. Mostrar una infinita paciencia conmigo. Hay días que ni yo misma me entiendo. Saber que a vuestro lado las preocupaciones se vuelven pequeñas y yo un poco más valiente. 

Apoyarme en mis decisiones aunque no las compartáis. Quiero dar lactancia materna a mi hijo por encima de todo pero, si las cosas no salen bien, por favor evitar la palabra  fracaso.

Ofrecerme vuestra compañía como el mejor de los regalos, el placer sencillo y vital de la  amistad. Vuestro tiempo, vuestra cercanía  es lo más valioso que me podéis regalar.

Y si en algún momento algún gesto mío os duele, por favor perdonármelo. Este vaivén emocional de hormonas, ideas y sentimientos me tienen algunos días al borde de una ataque de nervios. Saber que os quiero, sois todo mi universo. 

Las redes sociales son el mejor soporte emocional que puede tener una embarazada. Sentir que formas parte de una familia, un grupo de amigas o un colectivo profesional refuerza los sentimientos de cohesión social y autoestima. Y es que las relaciones sociales nos hacen fuertes y nos ayudan a mantener un sano equilibrio mental. Cierto. Quizás por eso, esta carta ficticia que perfectamente podía haber escrito yo hace años, se centra en el apoyo y en el afecto. Se ha demostrado que el apoyo emocional es la forma más poderosa y eficaz de apoyo que se puede dar a alguien en una situación de  estrés, incertidumbre  y cambio de roles. El embarazo, el gran cambio.

  1.  http://www.eduardpunset.es/wp-content/uploads/2010/08/semanal20100829.pdf
  1. https://birthpsychology.com/journals/volume-24-issue-3/maternity-social-support#.U5H75vl_vT8

¿Te asusta quedarte embarazada? Tocofobia

Tokophobia

Miedo al embarazo o tocofobia.  Me entró tal canguelo de pensar que iba a intentarlo, que… ¡hasta se me regulo la regla!! La que habla así es una compañera que meses atrás decidió que el tiempo de ser madre había llegado. Y ahora ante la perspectiva de que el deseo se hiciera realidad, le entró un tibio y pasajero ataque de pánico.

Quizás sientas temor al embarazo y no sabes como manejarlo.  ¿Por qué entra el miedo? Ser madre es una de las decisiones más trascendentales que se toma en la vida. Aunque te gusten los niños y hayas criado a hermanas o sobrinos, la decisión de tener uno propio con todo lo que conlleva, asusta incluso a la mujer más decidida.

Hay un cuadro llamado tocofobia que consiste en un miedo irracional al embarazo y parto. Un temor que se cuela como un mal viento entre los pensamientos y deseos más maternales que una mujer pueda tener. Porque muchas de estas mujeres desean ser madre, cierto, pero les asusta el embarazo y el parto. Sucede a veces que lo más deseamos es lo que más tememos.

La evitación fóbica puede tener su origen en la adolescencia, en un parto traumático o en una depresión prenatal. Y es que hay emociones que marcan de por vida.

Hay dos tipos de fobia.

a)    La tocofobia  primaría afecta a las mujeres que no tienen niños  y, probablemente por ello nunca serán madres.

b)     La fotofobia secundaría la presentan mujeres que han vivido un embarazo o parto traumático.

Que complejos somos los humanos. Muchas de estas mujeres utilizan simultáneamente diferentes métodos anticonceptivos. Algunas se someten a abortos voluntarios, otras  se esterilizan  y un tercer grupo de mujeres optan por la adopción. Curioso. Todo un abanico de opciones para eludir lo más temido.

¿Quién no ha sentido miedo ante el hecho de ser madre? Todas, yo la primera.  Es normal y hasta saludable sentir cierto grado de preocupación ante la incertidumbre de como saldrá todo. Un cierto grado de ansiedad armoniza  bien con los cambios. El problema es cuando nos desborda y nos desgarra.

Las personas que sufren cualquier tipo de fobia lo saben bien. Desmoraliza y desconcierta por igual sentir un temor intenso, fuerte e irracional hacia algo que representa poco o ningún peligro real. Es tan potente ese lacerante pavor, que las gestantes que padecen tocofobia eligen tener su hijo por cesárea y bajo anestesia general. De esta forma sufren menos morbilidad psicológica que las madres que no pueden optar por este tipo de elección.

¿Qué hacer? Ser honesta con una misma y buscar ayuda psicológica, real.  En algunos países están apareciendo grupos de apoyo a mujeres que tienen miedo al embarazo. Por suerte, las fobias se curan. Sólo hay que dar el primer paso y adelante. Aquí te dejo un enlace y el testimonio de una mujer que busca ayuda en los foros para su problema. Animo que por suerte tiene solución.

Llevo con mi pareja cinco años y últimamente él solo habla de forma una familia dentro de unos años. El problema es que nunca he querido tener hijos y sufro un miedo extremo a quedarme embarazada, incluso si lo estuviera, no estoy segura  de poder seguir adelante con el embarazo. Mi temor es tan fuerte que incluso si estoy cerca de una mujer embarazada, comienzo a sufrir  dolores de espalda, calambres, nauseas, mareos o ataques de ansiedad.

No quiero que mi miedo me impida darle un hijo en unos años y formar una familia. He leído que la terapia cognitiva puede ayudarme pero me da miedo acercarme a mi médico de cabecera y decirle lo que me pasa. Me gustaría contactar con otras mujeres que sufran este problema y escuchar sus experiencias. Si pudierais ayudarme lo agradecería de todo corazón.

http://bjp.rcpsych.org/content/176/1/83.abstract

 

 

Sombras de la Maternidad

Maternidad

Nadie te habla sobre las sombras de la maternidad. Cierto. En el tren, una mujer me contaba: me considero una mala madre porque no  he cubierto todas mis expectativas. Mi abuela fue una mujer sufridora,  paciente, mi madre abnegada y dócil. Detesto que esas cualidades sean las que definan la maternidad. Lucho por mantener mi condición de mujer, de persona, por encima de la de ser madre.

Ella tenía un hijo de tres años y otro que venía de camino. Sus palabras reflejaban la lucha titánica que mantenía consigo misma entre la construcción social y personal de ser una buena madre y la realidad de la misma cargada de luces y sombras. En ocasiones, demasiadas sombras.

Hablaba moviendo nerviosamente las manos, sin dejar de tocar su ondulado pelo negro. Lo que peor llevaba era el silencio ante amigos o familiares. No podía ni quería hablar de ello con nadie de su mundo cercano. Temía contarle sus pensamientos a su pareja; si él lo supiera, decía, me miraría como un monstruo.

Yo era una extraña a la que nunca volvería a ver, pero ¿y los otros?, ¿qué pensarían los demás si la escucharan? Vivía entre el deseo, el inmenso amor que sentía por su hijo y el rechazo al mismo por el tiempo absorbido, el cansancio y una extraña  insatisfacción que se había apoderado de ella.  Ese agotamiento mental, esa dependencia emocional, intensa, paralizante,  abrumadora,  suponía una pérdida de identidad personal en favor del nuevo rol asumido.

Jane Lazarre, poetisa y ensayista,  lo expresa así: “Temblarán y temblaré mientras nos saludamos, y haremos algún comentario sobre el tiempo y algún otro sobre el bebé, y ninguno sobre nuestros maridos, que no volverán hasta que oscurezca para ayudarnos con los niños mojados, fríos, malhumorados, y tampoco ningún comentario sobre nosotras. Para unas y para otras, para los niños pequeños y para los padres ausentes, somos madres. Soy la madre de Benjamin y en breve le daré los buenos días a la madre de Matthew”.

Creo que esa contradicción la hemos experimentado en algún que otro momento, aunque no nos atreviéramos a hablar de ello. Una especie de dulzor insípido y a veces ácido. La escritora A. Rich lo refleja de esta forma.

“Mis hijos me causan el sufrimiento más exquisito que haya experimentado nunca. Se trata del sufrimiento de la ambivalencia: la alternancia mortal entre el resentimiento amargo y los nervios crecientes y salvajes, y la gratificación y la ternura más felices…”, Adrienne Rich,

Cuando la mujer del tren se despidió de mí, no dijo su nombre, me pidió que no le hiciera caso, solo necesitaba liberarse del desasosiego que siente entre lo que se espera y lo que vive por dentro. Sonreí y le dije que en algún momento de nuestra existencias todas hemos sentido lo mismo. ¿Y por qué no lo cuentan? Contestó alzando la voz. Levanté los hombros y callé.  No había una respuesta. Se marchó y me estrechó la mano antes de decirme adiós.

Viéndola marchar a paso lento tirando de su maleta azul, pensé que muchas madres viven y han vivido como la mujer del tren, sobreviviendo a esta montaña rusa de luces y sombras que es la maternidad.

Creo que debemos abrir un poco nuestra alma de madre y mostrar los claros y oscuros del devenir de las horas, aunque tan solo sea para ayudar a otras mujeres a sentirse como lo que son, lo que somos, seres complejos cargados de nubes y sol. Un gran sol.

Os dejo este magnífico reportaje sobre los claro oscuros del ser padre y madre.

 

http://www.rtve.es/alacarta/videos/documentos-tv/documentos-tv-caras-maternidad/1615306/