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“Dentro de veinte años te arrepentirás más de las cosas que no hiciste que de las que llegaste a hacer. Por lo tanto, ya puedes levar el ancla. Abandona este puerto. Hincha las velas con el viento del cambio. Explora. Sueña. Descubre.”
Mark Twain

A partir de esta semana, MaterLiter pasa a mi página personal: PepaJcalero.com http://www.pepajcalero.com/
Seguiré tejiendo historias y frases sobre los mismos temas: Literatura, psicología perinatal y maternidad.
Mañana publicaré la primera entrada llamada:
Prematuros, la fuerza de la fragilidad. Método NIDCAP o cuidados centrados en el desarrollo.
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Sheila Kitzinger, escritora y antropóloga del nacimiento

Sheilatoday_2374157c” Nuestra manera de dar a luz es una cuestión política. Tiene que ver con el derecho que tiene toda mujer de dar a luz libremente y en un entorno amoroso. Mucho de lo que experimentamos como autocrático, impersonal y degradante en el cuidado de la salud de las mujeres en general y en el control social de nuestros cuerpos, está cristalizado en el sistema de tratamiento de la maternidad.”

Conocí esta autora a través del libro “Embarazo y Parto” una edición de 1982  que compré en Valencia mientras estudiaba matrona. Me llamó la atención porque era la primera vez que escuchaba hablar de los aspectos emocionales del ser madre. Las palabras que yo encontraba escritas en cursiva de mujeres, me desconcertaron  por su contundente  sinceridad.  La novedad hecha latido.  Decenas de testimonios alegres,  tristes, desgarradores,  entusiastas,  apagados,  lacerantes, ilusionados llenaban de colorido aquellas 350 páginas en blanco y negro. Desde la gestación hasta las primeras semanas posparto. ¡Me encantó!

Esta octogenaria mujer de aspecto inquieto y vivaracha es una de las personas que más libros ha escrito sobre el hecho materno.  Una escritora que tranquiliza, informa y sosiega a todos aquellos que la leen. Autora de 24 libros, cientos de artículos científicos, conferenciante, profesora y sobre todo madre,  de cinco hijas, es todo un referente y una autoridad en nuestro campo.

Fue una de las primeras voces en hablar de los planes de parto, allá por los años sesenta. Creadora de su propio modelo psicosexual del nacimiento es una firme defensora de la mujer y de los partos en casa para los embarazos de bajo riesgo. Su lucha contra las inducciones de parto  indiscriminadas e injustificadas aún sigue viva y palpitante.

Leyendo los testimonios en foros, prensa y blogs, yo diría que su mayor logro  es hacer que las mujeres, madres, se sientan bien consigo mismas. Nada más y nada menos.

Doctora en antropología del embarazo, es una de las más influyentes defensoras de la libertad de elección de la mujer en su proceso de ser madre.  Sus investigaciones acerca del parto y de los cuidados maternales en diferentes culturas, Norteamericana, Europea, Sudafricana, Neozelandesa, Caribeña, Sudafricana y Japonesa  son todo un clásico  en la antropología social.

Nacida en Inglaterra en 1929, Sheila ha dedicado su vida a la investigación intercultural  de las condiciones y los cuidados que se producen en los embarazos y partos. Una profesora universitaria que inspira, forma y tranquiliza a todos aquellos que con avidez y ternura devoran sus obras.

Sus libros cubren un amplio abanico de temas  como son,  experiencias de las mujeres en  los cuidados prenatales,  planes de parto,  inducción del parto,  emociones,  epidurales, cesáreas,  cuidados hospitalarios, alimentación, lactancia, experiencias de los niños presentes en los partos, el estrés postraumático tras el nacimiento y un largo etc.

Conforme voy escribiendo esta entrada, descubro fascinada el gran trabajo hecho por esta veterana antropóloga. Magnifico. Su mirada tiene un aire bondadoso y travieso, la mirada propia de quien ha defendido a lo largo de los años a los más débiles y vulnerables.Tras esa sonrisa cálida y curtida me cuesta trabajo imaginarla combativa, como la  china del  zapato profesional de muchos hombres, doctores, ginecólogos que nunca aceptaron sus investigaciones,rechanzando que la mujer tenga a su alcance toda la información posible para elegir cómo y dónde quiere tener su parto.

Por suerte para todos nosotros, aquí está, luchando por conseguir que se respete la madre naturaleza, dando voz a todos los que queremos una maternidad más consciente y personal.

Ya sea un parto difícil o sencillo, doloroso o indoloro, largo o breve, no tiene porqué ser un simple evento médico. Jamás debería ser llevado a cabo como si se tratara de la extracción de una muela. Porque el significado del nacimiento de un niño tiene un significado mucho más profundo (…). La toma de conciencia de que un ser humano abre sus ojos por primera vez en el mundo viene cargada de sentido para la madre y el padre. Y también puede tenerlo para cualquiera que comparta esta, la mayor aventura de todas”.

http://www.sheilakitzinger.com/

El parto y la desconcertante fase de transición

Fases del parto

En el parto siempre hay un punto de inflexión que desmorona tus creencias, tu ilusión, tus expectativas. La fase de transición, un camino entre la dilatación y el periodo expulsivo. Una frontera visible e invisible capaz de deslucir tu confianza como si de un terremoto imprevisto se tratara.

Hablo de la fase de transición en un parto normal. Una etapa de va desde los 7, 8 cm hasta los 10cm o dilatación completa. En estos momentos las contracciones aumentan de intensidad y duración. Surgen con una frecuencia alarmante cada dos o tres minutos y una eternidad de casi noventa segundos. A todo ello hay que añadir un dolor que desconcierta y desespera a la vez.

Es la fase donde si has decidido tener un parto natural, puedes dudar e incluso pedir a gritos la anestesia epidural.

Sin embargo para las matronas, para mí, observar a una mujer en ese momento conlleva cierta satisfacción. Significa que pronto tendrá a su hijo en brazos. Cierto. Debes saber que esas contracciones tan perturbadoras, anuncian la fase final, igual que una golondrina anuncia la primavera. Anuncia la llegada del expulsivo o ganas de empujar y empujar. Ya lo verás. Sin embargo, a veces no puedo trasmitir esa calma y certeza ante la inminencia del nacimiento porque ella no me cree. Incluso su pareja se alarma al verla tan trastornada. Recuerdo una madrugada y a un hombre con las manos en el cabeza, alterado, suplicándome: ¡Por favor, haga algo por ella! Veinte minutos más tarde, él lloraba de alegría al ver el rostro de su hija.

¿Por qué esta desesperación tan palpable? La magnitud de las contracciones en los últimos centímetros y el comienzo del descenso de la cabeza por la vagina, es de una intensidad arrolladora, desconcertante. Un momento en el que ella siente un desamparo metálico, una singular sensación de partirse en dos, que parece que nada ni nadie puede aliviar.

A menudo se observan breves periodos de somnolencia que desconciertan al acompañante y en ocasiones llevan a despertarla, alarmados.

Junto a esas contracciones pueden aparecer calambres, aumento de la sudoración, eructos, vómitos, salida de moco sanguinolento, temblores, ligeras pérdidas de sangre, hipo, náuseas y unas características perlas de sudor sobre el labio superior. La fuerza de la naturaleza cruda y brava para alumbrar la vida.

¿Qué puedes hacer en ese momento? Dejarte llevar. A pesar de su dureza, es una fase rápida, muy rápida. Adopta la postura que pida tu cuerpo: de pie, en cuclillas, cuadrupedia (a cuatro patas), sentada…lo que desees.

Y aunque en esos instantes el parto parezca un asunto demoledor e interminable, ten la certeza de que en unos minutos notarás unas enormes ganas de empujar. Seguro. Antes de lo que imaginas, tendrás a tu hijo sobre tu pecho, piel con piel. Confía en ti, confía en tu cuerpo, sois sabios.

http://www.healthy-pregnancy.com/uhc/spanish/labor_delivery/316.shtml

Te dejo este texto de un cuento llamado “La noche boca arriba” de J. Cortazar que puede ilustrar esa pequeña y vivificante desesperación que se siente en esa fase, preludio final del parto.

“Salió de un brinco a la noche del hospital, al alto cielo raso dulce, a la sombra blanda que lo rodeaba. Pensó que debía haber gritado, pero sus vecinos dormían callados… Jadeó, buscando el alivio de los pulmones, el olvido de esas imágenes que seguían pegadas a sus párpados… Le costaba mantener los ojos abiertos… Hizo un último esfuerzo, con la mano sana esbozó un gesto hacia la botella de agua; no llegó a tomarla, sus dedos se cerraron en un vacío otra vez negro, y el pasadizo seguía interminable, roca tras roca, con súbitas fulguraciones rojizas, y él boca arriba gimió apagadamente porque el techo iba a acabarse, subía,… y de la altura una luna menguante le cayó en la cara donde los ojos no querían verla, desesperadamente se cerraban y abrían buscando pasar al otro lado, descubrir de nuevo el cielo raso protector de la sala.”
J. Cortazar<