Doris Lessing, la escritora que narró su controvertida maternidad

 

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Contra la maternidad, la  literatura, rezaba el titular de un artículo sobre esta mujer, nobel de literatura 2007. Descubrí a esta escritora cuando contaba treinta y pocos años y mis hijos eran pequeños. Aún tengo párrafos subrayados que hablan de la maternidad y las contradicciones de la misma. Por entonces yo era una idealista convencida, que sublimaba el hecho de ser madre en aras de la más alta realización personal.

Me sorprendió leer el testimonio de esta mujer en su vida cotidiana, sus conflictos en el trabajo, el sexo, la política y sobre todo su controvertido instinto de madre.

“La personalidad maternal me llegó más tarde, con mi tercer hijo. En mi primer matrimonio la vida era completamente previsible, lo que comías, todo lo que hacías y yo pase por todo aquello como si se tratara de representar un papel en una obra de teatro que, en la realidad, odiaba amargamente”.

Esta creadora reflejó  en su obra  sus experiencias y sus contradicciones como madre. A los 36 años abandonó a su marido y sus dos hijos mayores en Sudáfrica y marchó con el pequeño hacia Inglaterra.  Lo contaba  sin reparos en todas las entrevistas. Tuvo que ser difícil y tremendamente inevitable. Seguro. Una necesidad existencial imprescindible para su supervivencia emocional que la mantuvo a salvo de sus propios demonios. Una lucha que se refleja en su obra, cargada de madres e hijas, rechazos y afectos mudos, encuentros y desencuentros.

Era una mujer rebelde, vitalista de ojos verdes y genio endiablado que hablaba con coherencia y lucidez. Sus personajes, eminentemente femeninos, retratan la vida y las luchas de las mujeres de su generación. Personas frustradas por no poder desempeñar un papel relevante en la sociedad por su condición de mujer. Como su madre, a la que describía como una mujer dominante y  fracasada de la que intentó escapar de su sombra durante toda su vida. Una figura hostil que fue modificando a lo largo de sus novelas para transformarla en una madre compresiva capaz de satisfacer las necesidades afectivas de una hija.

“Mi madre llegaba a toda prisa de la granja para decirme que era una irresponsable por tener otro hijo tan pronto, yo me defendía diciendo. ‘¿Por qué una mujer fuerte no puede tener dos bebés seguidos, todas las negras los tienen, o no?’. ‘Oh cariño…’. Y se largaba a quejársele a mi padre (…)”.

En sus entrevistas y libros su voz es apasionada y honesta. Una voz sincera sobre los hijos, ese sentimiento de querer y no querer que la embargara durante toda su vida en la tela de araña de la maternidad.

Su libro de memorias Dentro de mí retrata escenas del hospital donde tuvo a sus hijos, el contacto con el personal y las costumbres de antaño, un valioso testimonio escrito con una lucidez y elegancia sin igual. Aquí os dejo un retazo de sus memorias.

Mi segundo parto no fue lo que esperaba. Hago este apunte por esa afirmación de que lo que determina el transcurso del parto es la actitud mental. Mi primer parto o lying-in (“reposo en casa”, como solía llamarse antiguamente al parto, y con bastante acierto, pues debías guardar reposo durante semanas) lo abordé tranquilamente, sin esperar dolor, o dificultades, dada mi joven y arrogante salud. De nuevo la Primera Dama de la Clínica de Maternidad, la estúpida enfermera autoritaria, esas joviales enfermeras que se aseguran de que las madres y los bebés se vean lo menos posible.

 Llegué, como la primera vez, por la noche, tras reconocer los dolores que eran diferentes a otras punzadas, retortijones, sensaciones, presiones del final del embarazo, y por la inconfundible oleada de energía de la que te provee atentamente la Madre Naturaleza. Sola, iba y venía por la habitación, después de haber sido bañada y, por supuesto, afeitada. Como de costumbre, la clínica ya no daba más de sí. “Tú sé buena chica”, gritaban las enfermeras, asomando sus cabezas sonrientes por la puerta.

Yo quería estar sola. Paseé, paseé toda la noche, dando vueltas y vueltas, fui a ver a los bebés que al principio todavía dormían, pero después los evité cuando empezaron a dar gritos, dos horas antes de la hora de comer. Miré las estrellas por la ventana. Me preguntaba cómo lo estaría llevando Frank con John. Después, a las diez de la mañana, unas punzadas aguadas, entraron el doctor y las enfermeras, y el bebé nació al cabo de media hora. Todavía esperaba que comenzara el parto. Me había dolido muy poco antes del cloroformo. Me enseñaron una niña menuda, más pequeña que su hermano, y al mismo tiempo hecha evidentemente de algo diferente, una cosita hermosa lista para ser abrazada y mecida. Pero: “Pronto acabará con tu paciencia”. “Por favor, enfermera, no te la lleves”. Oh, ya, pues entonces sólo un minuto. Los diminutos labios se aferraron al pezón, de nuevo el milagro, la vida que sabe exactamente lo que tú sabes. La enfermera está de pie frente a ti, con el ceño fruncido. “Todavía no tienes leche, ¿sabes? Mañana te bajará”.

Sola ante el peligro. La lactancia en casa, primeros días

Los primeros días de lactancia. Lactancia materna, primeros días en casa

¿Por favor no podrían dejarme aquí, un par de días más? Pregunta Teresa,  madre primeriza, asustada al saber que le darán el alta. ─Sólo ha pasado un día, ¡un día!

Y es que tras el parto, la madre se halla flotando en una nube, una nube de algodón de mil colores, donde alguien le informa, le indica como colocarse el niño al pecho, le muestran como debe ser el agarre y sobre todo, ante la más mínima duda con solo tocar un botón, acudirán en su ayuda.

Lo que más teme Teresa es el inicio de la lactancia. En su entorno, revolotean ejemplos de fracasos: mastitis, grietas, pezones invertidos y otros avatares. Tiene miedo. Ha leído tanto y sabe tan poco. Sonríe ante las preguntas de su pareja: frecuencia de las tomas, duración, posturas para expulsión de eructos y cosas parecidas.

El padre levanta las cejas y cruzas los brazos, escéptico ante mi respuesta de la lactancia a demanda. Una anárquica alimentación que desentona con sus creencias, nuestras creencias, mecánicas, rígidas, agarrotadas. Lo sé, inclusive la palabra demanda desconcierta. Es una respuesta abierta como un mar y ellos en ese momento, buscan una playa.

¿Quién me ayudara? Pregunta. Si la leche no me sube ¿qué hago? ¿Cómo sabré que mi leche es buena? ¿Cuándo se produce la subida de la leche? Y si se duerme mamando, ¿lo dejo dormir, lo despierto?

Se acaba de publicar  un artículo sobre el retraso en la subida de la leche de hasta tres días, relacionado con la administración de  analgesia  en el parto. Son factores a tener en cuenta a la hora de aconsejar e informar a la madre.

http://lactationmatters.org/2014/05/15/new-research-direct-correlation-between-labor-pain-medications-and-breastfeeding/

Le cuento lo que se va a encontrar en esos primeros días. Para que no se desconcierte ante la tristeza imprevista, el desasosiego pasajero, el cansancio extremo o la tibia inseguridad. Le alivia escuchar que por esa situación han pasado, pasan y pasaran todas las madres del mundo.

Le remito a un grupo de lactancia local. Le insisto que cuente con su pareja, él es su mayor apoyo y aliado. Y sobre todo, que busque a otras mujeres, otras madres lactantes y se pegue a ellas.

¿Dónde encuentro a esas madres? En la consulta del pediatra, por ejemplo, respondo, entabla amistad con madres que lacten, pregunta, no temas parecer novata. Aparca la timidez en casa. Es mejor que sentirse aislada, perdida, desorientada.

Me despido diciéndole que es posible que sienta que está sola ante el peligro, es solo un espejismo como en el cine. Porque lo esencial es la ilusión y las ganas que Teresa tiene de hacer las cosas bien, solo con eso, ya es bastante.

Tres verdades sobre el Dolor en el Parto

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  1. Tanto si crees que puedes soportarlo como si no, estás en lo cierto

Eres tú la que decides lo que puedes o no puedes tolerar. No es un factor ajeno a ti, es tu pensamiento lo que marca tu sentimiento y tras ello tu conducta a seguir. Aceptarlo es el primer paso para sentir que lo que buscas o lo que temes está dentro de ti. Si crees que puedes, podrás.

La vida causa los mismos contratiempos y las mismas tragedias tanto a los optimistas como a los pesimistas, pero los optimistas saben afrontarlos mejor. 

Dr. Martin Seligman (Psicólogo fundador de la Psicología Positiva)

 

  1. El cuerpo libera endorfinas para elevar el umbral del dolor

Las endorfinas son neurotransmisores que producen un efecto sedante similar a los opiáceos, morfina. Una especie de auto anestesia que segrega tu organismo en el parto. Aportan  serenidad y calma, confianza y una tibia sensación de seguridad en una misma. Sin embargo  estados de temor y  ansiedad provocan un aumento de otro trasmisor, la adrenalina que a su vez frena o inhibe las endorfinas. El miedo es un viento que impide la lluvia de esta mágica sustancia. Recuérdalo. Por ello si te sientes  nerviosa, alterada o asustada es posible que no experimentes esta sensación de relativo bienestar.

 

  1. El umbral del dolor está mediado por vivencias,  factores culturales y sociales

Resulta curioso saber que en muchas culturas, no occidentales, el dolor se asume como una parte del proceso del nacimiento. Una parte necesaria y desagradable que se puede superar. Experimentar dolor no es sinónimo de sufrimiento y en este caso, como decía una madre en su segundo parto, es un dolor alegre. Pasarlo no es signo de enfermedad o anormalidad sino una consecuencia inevitable de un proceso natural.

Algunas veces al escuchar a las mujeres quejarse y maldecir su suerte dolorosa, suelo comentar que son afortunadas, que piensen lo que darían el resto de pacientes del hospital por estar donde ellas están. Algunas sonríen y asienten con la cabeza, otras bromean con el esposo sobre la palabra injusticia. Los minutos pasan y el compañero  atento soporta la presión y la fuerza de la contracción de su compañera en el momento álgido del dolor.

En lineas generales, el dolor y el miedo van de la mano. Aceptarlo es parte de cualquier proceso de afrontamiento vital. Espero que estas verdades puedan ayudarte a manejar tus emociones y pensamientos,  ser de utilidad.

No tengas miedo a la verdad: puede doler mucho, pero es un dolor sano.

Alejandro Casona ( Dramaturgo español)

¿No estoy de parto? La historia interminable de la fase Latente o Pródromos

Nunca darse por vencido y la buena suerte le seguirá a uno.

Michael Ende

¿Estoy de parto? Como saber cuando comienza el parto

                  Cuando vi a Luisa aparecer me quedé de piedra. En quince días había acudido a urgencias pensando que estaba de parto, ¡siete veces! ¿Qué sucedía? A pesar de ser su segundo hijo, el primero fue inducido, provocado, no contaba con referencias propias. El marido asustado viéndola moverse de forma anormal y la madre llamando por teléfono sin descanso, la obligó a subir al hospital para ver si esta vez era verdad. Lamentablemente, tras un monitor o registro cardiotocográfico, regresó a casa.

                Un segundo embarazo conlleva más molestias que el primero, ¿Por qué? Los músculos han perdido tonicidad,  el útero ha sufrido un estiramiento previo, se encuentra más débil  y la tensión en el pubis es mayor. La presión emocional por terminar con todas esas, a veces terribles, incomodidades es enorme y a la menor sensación de contracciones la confusión, es inevitable.

   En el parto hay varias fases desde que empieza hasta tener a tu hijo en brazos:

Fase latente o pródromos, al principio antes de alcanzar los 3cm. Fase activa, de 3 a 7 cm de dilatación. Fase de transición, de 7 a completa o 10cm y Fase de expulsivo, desde que se sienten los pujos, ganas fuertes de empujar, hasta que sale el bebé.

Hoy voy a hablar de esa primera fase, desalentadora, cansada y desmoralizada que no termina de acabar. Los dichosos pródromos o fase latente. Es una fase de espera, de preparación.

¿Cómo saber cuándo estás de  parto? La pregunta del millón. Más o menos estas son las conductas que puedes experimentar:

  • Sientes una explosión de energía 24-48 horas antes del parto.
  • Notas un descenso del peso, entre 0,5 y 1.5 kg, debido a un cambio de electrolitos.
  • Puedes tener diarreas, indigestión, nauseas, vómitos justo antes del comienzo.
  • Te sientes muy comunicativa y receptiva. Entusiasmada, habladora, sonriente y con ganas de conversar.
  • Expresas alegría y ganas de que el parto avance.
  • Muestras independencia en tus cuidados y necesidades corporales.

Las características de las contracciones serían:

  • Comienzan en la zona baja de la espalda y se irradian, se extienden, hacia ambos lados del abdomen.
  • No se alivia al caminar e incluso puede intensificarse al andar.
  • La frecuencia de las contracciones oscila entre  5 y 10 minutos y suelen durar entre 30 y 40 segundos.
  • Progresivamente vas notando un acortamiento gradual de los intervalos.  Aumenta la frecuencia y con ella, la intensidad.

¿Qué puedes hacer mientras tanto?

  • Realizar actividades livianas, ordenar alguna cosa pendiente.
  • Preparar la bolsa que llevarás a la clínica u hospital.
  • Distraerte viendo alguna película, caminando, moviéndote.

En resumen, no te observes demasiado, deja pasar el tiempo y entonces si estás de parto, lo notarás, lo sabrás sin necesidad de anotar la frecuencia de las contracciones, sin tener a tu pareja reloj en mano o a tu madre insistiendo en salir corriendo.

Antes, cuando las mujeres notaban las primeras contracciones se ponían a trajinar por la casa, dejando comidas preparadas, haciendo conservas u ordenando armarios. El resto era esperar. Esperar sin prestar atención a que aumentaran la frecuencia y las molestias o sentir que habían desaparecido. Como rachas de viento. Así es esta fase. Rachas de contracciones que vienen y van. Paciencia y actividad. Tu cuerpo es sabio, ya lo verás.

http://blog.elembarazo.net/cronica-de-una-gestante-primeriza.html

Mes de las flores, 5 de Mayo Día Internacional de la Matrona

 

Hace unos años en la maternidad Rotunda en Dublín me encontré a una mujer y madre de cuarenta y seis años estudiando para ser matrona. Sus compañeras más jóvenes le llamaban cariñosamente la abuela.  Al parecer había ejercido de maestra hasta que tuvo la oportunidad y los medios de realizar su sueño: ser matrona.Materliter, Día Internacional de la Matrona

Conozco compañeras que tras aprobar el EIR, el examen para enfermero interno residente, marcharon lejos de su ciudad para estudiar la anhelada carrera. Y es que hay profesiones que  enganchan,  fascinan,  seducen  y  en ocasiones, rehúsas  por igual. Esta es una de ellas.

Hay algo mágico, sagrado en el acto de acoger un bebé, en las palabras balsámicas que  recitamos como una oración para ayudar a la madre o en los gestos de aliento. Junto a una madre, siempre una matrona. Hombres y mujeres. No importa el nombre, comadrona, matrona o matrón.

En el parto, a veces, me he sentido una intrusa, un testigo  incómodo  ante la intimidad de la pareja, con sus caricias, sus palabras tiernas, sus miedos, sus manos temblorosos, sus alegrías. Ver a los padres, hombres de pelo en pecho, llorar como niños viendo a sus hijo por primera vez, resulta conmovedor. Todas lo sabemos, hay instantes que lloramos con ellos sin poderlo evitar.

No todo es alegría y días de sol. A veces la esperanza se rompe en mil pedazos y hay que estar junto a la madre que porta un hijo que nunca llorara. Y ahí está la matrona, a su lado, acompañándola, como una amiga, una hermana o  una madre provisional.

International Day of the Midwife

Este bendito trabajo es un reto constante, una lucha a veces titánica entre el poder y la independencia, entre la cama y la pelota, entre la  obediencia forzada  y la cándida  autonomía, entre la mujer y la familia, entre lo forzado y lo natural. Hasta las rosas portan espinas. Batallando siempre con la sonrisa en los labios y la palabra certera, manteniendo como la vida misma, un tenue y frágil equilibrio.

 

                 Hoy pienso en  las residentes, ellas trajeron la primavera. Todas y todos, grandes, inmensos defendiendo su espacio, o mejor dicho protegiendo  a las mujeres, en sus centros maternales, en otras tierras, en recogidas de firmas, en su desalentador paro, en su rol de padre y madres. Ilusionados por trabajar.

Mientras las utopías  llegan, seguimos adelante incansables celebrando nuestro día, luchando, riendo, trabajando, soñando, brindando para que todos nos dejen hacer lo que sabemos hacer; ayudar y acompañar. Como decía un tutor de residentes citando al poeta  Antonio Machado: Caminante son tus huellas, el camino y nada más. Caminante no hay camino, se hace camino al andar.

A todas las madres y matronas del mundo, feliz día.

https://materliter.wordpress.com/2013/08/08/sucede-que-soy-matrona/