¿Por qué los recién nacidos tienen una nariz privilegiada?

El olor de un recién nacido

“El amor fue el primer instinto de supervivencia en la historia de la especie y está unida a la pasión” Eduardo Punset

Cada vez me asombro más del maravilloso mundo del recién nacido. Sus gustos olfativos son tan refinados como fascinantes. Por ejemplo, todos los bebés, incluso los alimentados con leches artificiales, prefieren el olor de la leche materna, aunque no la hayan probado nunca, a la de los sucedáneos.  Hasta los prematuros muestran esta conmovedora preferencia.

Curiosamente, los bebés recién nacidos distinguen y prefieren el olor cálido y familiar del líquido amniótico de su madre al de otras madres y lo prefieren a cualquier otro olor. Al principio su preferencia absoluta engloba el líquido amniótico de su madre. Alrededor del cuarto día, se inclinarán hacia el calostro y posteriormente su delicado gusto optará por la leche materna por encima del cualquier otro olor.

Esta inclinación tan marcada por el líquido amniótico, el calostro y la leche humana es pura supervivencia. La familiaridad produce seguridad y ellos más que nadie necesitan esa protección que les garantice la vida. El amparo de su madre. Nada más nacer, un bebé puesto sobre el abdomen de la mujer que lo llevo en su seno, repta hasta alcanzar el pecho, el pezón, guiado por el olor que este desprende, comenzando de forma espontánea y hasta milagrosa  la lactancia.

Y es que el sentido del olfato se encuentra activo desde  el nacimiento. Cuando un bebé nace, ya conoce, desea y busca el olor de mamá. Se ha demostrado que elige antes un pecho no lavado que otro que haya sido perfumado o limpiado. Ya ves, y nosotros obsesionados con la  higiene.

Algunas veces al pedirle a la madre que se levantara el camisón y se colocara a su hijo en contacto directo con su piel, ella respondía que estaba sudada y prefería darse una ducha antes de acercárselo. Por suerte, y tras mi insistencia, el pequeñín posaba su carita sobre la tibia y olorosa piel de mamá. Hay que recordar que las sensaciones olfativas tienden puentes entre el ambiente intrauterino y extrauterino, ayudando a la maduración cerebral del recién nacido.

“El olfato modula la organización del estado vigilia-sueño, provocando reacciones emocionales altamente beneficiosas al sentir el olor de su madre” Nils Bergman

Creo que debemos ser más abiertos y flexibles con los instintos básicos, somos mamíferos y nos guiamos por el olor. Los olores salvan, rescatan, evocan, ayudan, emocionan y sobre todo enamoran. Pensemos en el suave y dulce olor que posee un bebé

Las investigaciones muestran que a los pequeñines les encanta el seductor y reconfortante aroma de su madre, en concreto el olor del pelo, el del cuello y el de su pecho. ¿Por qué? Porque son zonas con una gran producción de feromonas, un olor característico y único que posee cada ser humano. Por ello, al coger a su hijo en brazos, este se relaja y duerme con tal placidez y bondad que nos deja a todos encandilados. Y es que los olores poseen esa magia emocional capaz de trasmitirnos las sensaciones más dulces y hermosas jamás vividas

Hay aromas que les relajan y que poseen un efecto tranquilizador sobre ellos, como son la vainilla, el jazmín y la lavanda.

Se cree que el uso de fragancias o  perfumes fuertes, por parte de los adultos que los atienden, dificultan una de las más potentes vías de  vinculación afectiva, como es el olor y el reconcomiendo emocional de esa sinfonía de esencias insustituibles que posee cada persona.

En resumen, pon a tu bebé piel con piel por que él o ella  prefiere e identifica con asombrosa precisión tu olor natural, sin artificio, que le protege y ayuda en su maduración emocional. Contigo, y con el padre,  inicia su memoria olfativa y con ella un vínculo afectivo que quedará grabado para el resto de sus días. Lo dicho, una nariz privilegiada.

http://www.deepdyve.com/lp/elsevier/maternal-breast-milk-odour-induces-frontal-lobe-activation-in-neonates-OPc9AOy9sa

http://www.parentingscience.com/newborn-senses.html

La placenta, ese árbol mágico y esencial

 La placenta, funciones de la placentaTras el parto es frecuente que la madre pregunte por la placenta. Desea saber cómo es. Hasta ahí todo perfecto. El problema es que la mayoría  de mujeres al verla ponen una cara de repulsa asombrosa. A veces, la he mostrado explicándole las dos caras y las membranas, tal y como estaría su bebé ahí dentro.

Tardan unos segundos en girar la cabeza y dejar de mirar. Cuando le informo que gracias a ella su hijo está en el mundo, modifican ligeramente el gesto tosco y terminan comentando que, a pesar de su importancia, es una cosa rara no muy agradable de contemplar. Una especie de árbol caído, extendido.

Y es que ese órgano vital es el gran desconocido en el universo gestante. Su nombre femenino procede del latín y significa “torta plana”. Cierto, una torta roja de unos dos cm de espesor y unos 20 cm de diámetro que suele pesar alrededor de 500 grs.

Empieza a formarse en la segunda semana, antes incluso de saber que estás embarazada. Sin ella no sería posible la vida. Es una especie de madre interna, que produce sus propias hormonas, un filtro fundamental que nutre y alimenta al bebé. Además,  proporciona oxígeno y lo recicla transformándolo en anhídrido carbónico para ser eliminado al exterior por la madre.

La vida de una placenta es efímera, dura las mismas lunas que  dura un embarazo. A partir de las cuarenta semanas comienza a envejecer y adelgaza como una bondadosa  anciana que, a pesar de estar en sus últimos días,  cumple su función y aguanta  pacientemente  hasta el momento final: el parto.

Una de sus caras, la cara fetal o placa coriónica, es un cruce de  vasos sanguíneos, senderos que convergen en el centro, donde se halla el cordón umbilical. El cordón, esa especie de camino de Santiago donde peregrinan las venas y arterias que forman la cara fetal. Su superficie es suave como una caricia. Recubierta de las  membranas que forman la bolsa, el amnios y el corión, esta cara  parece el velo  de una  novia  arropando el hueco que dejo el bebé.

La cara materna o placa basal la forman una serie de cotiledones, consistentes y esponjosos. Grandes racimos apiñados unos con otros, del color del vino tinto. Si la pudiéramos mirarla al microscopio, de cerca, cuando aún está dentro, contemplaríamos un gran árbol de raíces ancladas en la madre tierra, la pared del útero.Estructura de la placenta

Al desprenderse y salir, lo que llamamos alumbramiento,  se produce un sangrado y estas pérdidas que se dan en el posparto, son los restos de las pequeñas heridas, agujeritos, que ha dejado la placenta al salir.

Hace años guardábamos la placenta para un laboratorio de cosmética, hoy se tiran y se incineran como restos biológicos.

En algunas culturas realizan rituales con la placenta. En este enlace podéis leer algunas curiosidades.

Actualmente algunos grupos de mujeres  favorecen la placentofagia, es decir ingerir la placenta en cápsulas, infusiones o cocinada. Una práctica que por regla general resulta repulsiva, a pesar de que algunas actrices,  ciertas tribus y todos los mamíferos lo hagan.  No hay evidencia de daños ni de beneficios, se cree que es más una moda que una necesidad.

Hace unos años, una mujer me pidió llevarse su placenta, para plantarla bajo un árbol que habían trasplantado cuando supo que estaba embarazada. Me pareció un gesto  lírico y romántico. Me hablo de que en Australia hay un árbol de placenta, donde se enterraban todas las placentas de la tribu y ese  árbol era el más saludable, grande y alto de todos. Poetas.

Sí, buen árbol; ya he visto como truecas

el fango en flor, y sé lo que me dices;

ya sé que con tus propias hojas secas

se han nutrido de nuevo tus raíces.

                                        Antonio Machado

http://www.maternofetal.net/2placenta.html

http://matronataurt.blogspot.com.es/2014/01/la-placenta-y-los-arboles.html

Duelo Perinatal. Decir adiós antes de decir hola

 

Muerte perinatal

Elena Papiel

“Necesitamos pocas palabras para expresar lo esencial; necesitamos todas las palabras para hacerlo real” Paul Éluard

Si eres estudiante o residente de  matrona, esta entrada es para ti. Hay un proverbio que dice: “Cuando  pierdes un padre, pierdes el pasado; cuando pierdes un hijo, pierdes el futuro”

No hay experiencia tan desoladora y  terrible como acompañar y atender el parto de una madre con un bebé muerto. Lamentablemente, la muerte perinatal existe y tarde o temprano vas a estar junto a una mujer rota, un padre desconsolado y una situación de shock que en ocasiones te será difícil manejar.

¿Cuál es tu papel? De todo un poco. Psicóloga improvisada, enfermera afligida, amiga espontánea, profesional competente y, sobre todo, la matrona que les acompañara y a la que recordaran en ese delicado trance. Tú serás la que atienda a  esos padres destrozados que siguen dando a vueltas y vueltas a lo inconcebible, preguntándose una y mil veces que pasó, qué hicieron o no debieron de hacer para que eso sucediera. Y los ayudarás, ya lo verás.

Todos los duelos son terribles, cierto, pero este presenta unas características muy claras. El entorno social y familiar minimiza el impacto emocional al no haber existido un vínculo real. La familia y los amigos no entenderán que ellos estén destrozados si tan siquiera han rozado al pequeño. Y es que la intensidad del dolor no depende de las semanas de gestación.

La madre, a lo largo de todas las semanas que lo ha llevado dentro, se ha implicado emocional y físicamente con su hijo. De hecho, el pequeño o la pequeña tiene un nombre. En el mundo occidental, el vínculo parental se realiza en la etapa intrauterina.

Esa diminuta persona que no llora, ni mueve los brazos, ni abre los ojos, ni mira a su madre, es un ser humano; detenido, pero un ser humano. En ocasiones es evidente el fallo; un par de nudos de cordón, una malformación visible, un defecto congénito. Sin embargo la mayoría de veces, aparentemente, el pequeñín es absolutamente normal.

Probablemente sea el primer hijo de la pareja, un hijo que iba a convertirlos en padres, en familia. No hay palabra que describa esa experiencia. Nadie espera que un bebé muera, es tan incomprensible como difícil de creer. A pesar de los avances científicos, de las pruebas realizadas, de los controles exhaustivos, de las ecografías plasmadas, ocurre. ¿Por qué?, te preguntas. No lo sé, y creo que nadie lo sabe. Si pudieras hablar con Dios…

¿Qué puedes hacer? La necesidad primordial de los padres es tener a alguien que les escuche. Recuérdalo. Además de ello:

  • Muestra al bebé como una persona, limpio, envuelto en una manta y vestido, con un gorro y ropita.
  • Nombra al bebé por su nombre.
  • Toma las huellas de sus pies en una tarjeta o en un folio y entrégaselo a los padres.
  • Deja que la madre, o el padre, si lo desean, tomen en brazos a su hijo, lo besen y se despidan de él o de ella.
  • Cuida las palabras y frases de consuelo. Aquí en esta guía, puedes leer  lo que debes evitar y lo que debes decir.
  • Responde sus preguntas, utiliza el tacto terapéutico, escúchalos. Hazte presente.

Antes de despedirte, anótales  enlaces y  nombres de  web de apoyo en el duelo perinatal. Lo necesitarán más tarde. En esos momentos no es aconsejable ofrecer excesiva información, ellos todavía se encuentran en estado de shock, aturdidos y desconcertados.

Por último, una pequeña sugerencia, acepta tus sentimientos y respuestas emocionales como parte de tu labor. Eres una/un profesional, cierto, y además un ser humano que empatiza con la tristeza ajena. No temas llorar.  Permanece en silencio junto  a los padres aunque corran tus  lágrimas y, si te sientes incapaz, pide ayuda a alguna compañera. Espero haberte ayudado para el día que tengas que atender a unas personas rotas por una perdida perinatal.

http://www.umamanita.es

http://www.missfoundation.org/spanish/index.html

http://www.babycentre.co.uk/a1014800/when-a-baby-is-stillborn#ixzz2sSMmQYKC

Libros que tejen historias de Comadronas

“Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro”. Emily Dickinson.

Hoy voy a presentarte dos libros, dos épocas, dos  protagonistas y decenas de historias que llevan dentro. Historias alegres, crudas, increíbles, tristes y sobre todo, reales. Ambos tratan de mujeres que ayudan a mujeres en sus embarazos, partos y crianza. Aunque  entre ambos media la distancia que marca una  zona rural (Nueva Escocia) o una gran ciudad (Londres), ambas tienen en común el mismo sentimiento; tender la mano para  proteger y ayudar a las madres.

Te dejo la sinopsis de ambos libros. Creo que te encantaran.

Llama a la comadrona (Call the Midwife) describe las experiencias de Jennifer Worth como matrona en la Inglaterra más deprimida del siglo XX. Todo un éxito de ventas, llevada a la televisión por la BBC. Historias de matronas, comadronas

A mediados del siglo pasado, la vida en el East End de Londres era tan dura que una chica de veintidós años necesitaba agallas y humor para soportarla y comprender qué se escondía detrás del rostro maquillado de una prostituta o la chulería de un ladrón. Cuando la joven enfermera Jenny Lee llega a la Casa Nonnatus, no sabe que es un convento; allí ha sido enviada para completar su formación como enfermera y especializarse en la profesión de comadrona.

Bajo la mirada experimentada y humana de las religiosas que gobiernan el convento, Jenny y sus tres colegas Cynthia, Trixie y Chummy traerán al mundo cientos de niños con gran entrega y humildad. Su trabajo se desarrolla en un barrio y una ciudad marcada por las cicatrices de la guerra: edificios bombardeados, basura, parásitos y pestilencia. En estas condiciones, las comadronas harán su trabajo, ayudando a muchas mujeres, todas pobres, como Conchita Warren, una española madre de 25 niños, que se lleva estupendamente con su marido inglés aunque no puedan hablar, pues el uno no entiende el idioma del otro y viceversa… Poco a poco la vida de Jenny se verá repleta de sentido, humanidad y empatía por los demás. Si Dickens nos dejó un testimonio de las paupérrimas condiciones de los niños condenados a trabajar en las fábricas del Londres finisecular, Jennifer Worth nos revela, con la misma humanidad, las necesidades de miles de mujeres en una época no tan lejana.

La casa de la lunaLa casa de la Luna  La casa de la luna fue número 1 en Canadá, y ganadora de tres premios CBA Libris.

Nueva Escocia, inicios del siglo xx. Dora Rare es la primera mujer en su familia después de cinco generaciones de hijos varones. Muy pronto Marie Babineau, la vieja partera de la zona, verá en ella signos de un don especial, y con el tiempo la muchacha irá entrando en el mundo de la anciana y de las mujeres; un mundo de embarazos no siempre deseados, remedios antiguos y oraciones, infusiones y milagros… La primera vez que Dora siente el palpitar de un recién nacido en sus brazos sabe que la fuerza de la vida la ha arrastrado sin remedio, y ya no tiene elección. De la mano de Marie aprenderá los secretos y los peligros de este oficio maravilloso.

La construcción de un nuevo centro de maternidad, en el que se promete a las mujeres dar a luz sin dolor y en unas condiciones modernas e higiénicas, será un cambio para todo el mundo. Acusada de brujería y señalada por los hombres de su comunidad, Dora deberá emplear todas sus fuerzas para proteger la sabiduría que las mujeres han llevado siempre consigo.

La casa de la luna es un inolvidable relato sobre la lucha de las mujeres por mantener el control sobre sus propios cuerpos, y un canto para que custodien la llama de lo ancestral en un mundo cada vez más deshumanizado.