El talento de las madres

 

inteligencia talento madres “Tener talento es tener fe en uno mismo, en las propias fuerzas”  Maksim  Gorki

 Hace años salió en la prensa una noticia que me encantó. Una mujer interpuso una demanda a una empresa por no aceptar en su currículum  como mérito personal el ser madre. Durante cuatro años, esta profesional, no recuerdo bien su especialidad, tuvo dos hijos y se dedicó en cuerpo y alma a cuidarlos. Al reincorporarse al mercado laboral fue rechazada por su paréntesis profesional, desfase y errores en los contenidos curriculares. Por suerte, ganó la demanda y se aceptaron como méritos altamente valorables los de la maternidad.

¿Qué argumentaba esta mujer? Que al convertirse en madre y cuidar de sus hijos durante esos años había aprendido unas habilidades y unas destrezas que la hacían capaz de acometer tareas que en otro tiempo no hubiera sido capaz. Cierto, muy cierto.

Mirando atrás podemos escuchar el trajinar de nuestras madres, su práctica intensa llevando la casa, preparando la  comida, lavando y planchando ropas, atendiendo a los niños, ayudando en los deberes, limpiando, cosiendo  y una montaña de tareas que nunca parecían acabar. A eso, yo lo llamo talento, mucho talento.

Según la teoría evolutiva de Lamarck: “la función crea el órgano y la necesidad la función”.

La responsable en parte de la ejecución magistral en la adquisición de habilidades es la mielina. Una sustancia que rodea las fibras nerviosas como si se tratara de una  goma que envuelve un alambre de cobre. La práctica intensa de una habilidad, según los expertos, añade nuevas capas de mielina logrando que las acciones y pensamientos se vuelvan más veloces y precisos.

Las madres cuentan en su haber con tenacidad, autocontrol, esfuerzo, gestión de las emociones, tolerancia a la frustración, impulsan el crecimiento y habilidades de sus retoños. Y un sinfín de cosas más. José Antonio Marina lo llama “inteligencia triunfante”, una inteligencia que resuelve los problemas cotidianos y avanza con resolución.

Entre las características que definen el talento están: motivación, intereses, constancia, destrezas de comunicación, habilidad en la resolución de problemas, memoria, curiosidad, perspicacia, imaginación, humor y sensibilidad. Si todo ello lo tradujéramos al lenguaje del quehacer cotidiano de una madre, ¿qué tendríamos?; una persona altamente cualificada que gestiona una empresa que funciona las 24 horas. Un hogar.

Cuando mis hijos eran pequeños no me quedó más remedio que desarrollar todo tipo de tareas, que ni siquiera sabía que podía hacer. Nadie te prepara para ello, pero mediante aprendizaje vicario, viendo a otras madres, curiosidad, preguntando, humor, mucho, creatividad, ni os cuento, y sobre todo empeño, se aprenden y se dominan destrezas impensables. Tener a tu hijo en brazos, acunarlo y mirarlo es una fuente de  motivación imparable.

Estoy convencida que una mujer, al ser madre, desarrolla una capacidad notable que la hace altamente eficaz. Ya veis, y todo ello sin necesidad de ir a la universidad. Y es que la maternidad es algo tan grande que solo con mirar a tu hijo te sientes la persona más capaz del mundo.

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