Comer por dos en el embarazo

Embarazo y comer por dos

Photo: Vladimir Pcholkin

“Hay que comer para vivir, pero no vivir para comer” Moliere

No lo he podido evitar. ¡He comido como si llevara tres hijos dentro!, fue la respuesta de una gestante ante mi sorpresa por sus 26 kilos engordados en su primer embarazo. Llevaba comiendo todo el embarazo como si portara más de dos bebés dentro.

Aún le faltaban varios días para las treinta y ocho semanas. Al alcanzar las 23 semanas, tuvo que ser ingresada por problemas derivados de su sobrepeso: hipertensión arterial, proteinuria (proteínas en la orina), diabetes gestacional y edemas (excesiva hinchazón o acumulo de líquidos en piernas y pies). Cuando le pregunté a la joven la causa de su excesiva ganancia de peso, argumentó dos razones; un hambre canina y una ansiedad difícil de manejar si no es a través de la comida.

Aún recuerdo la sensación de inminente apetito que me entraba en los primeros meses de embarazo. Una mañana entré en una pastelería y tras engullir dos donut y una ensaimada me quedé como si hubiera comido una simple galletita. Por suerte mi conciencia, movida por el grito que proferí sobre la báscula, me puso firme. Cambié de hábitos.

Amé las zanahorias con pasión incontrolada, me hice amiga eterna de las ensaladas y las infusiones calientes sonaron a dulce música ambiental. Puse una cruz sobre el picoteo devastador, las picaras chuches, los helados presuntuosos, la bollería indecente y las calamitosas tostadas de mantequilla y mermelada.

De vez en cuando me premiaba. Era una necesidad. Recuerdo que saboreaba esa mini comida censurada como el más exquisito de los manjares.

La comida es uno de los refuerzos más poderosos que existen, un premio más que merecido al esfuerzo que supone la pre-maternidad. En el embarazo, somos más sensibles a las hipoglucemias ( disminución de azúcar en sangre), a los cambios de humor, a los antojos y a esa consabida frase de que hay que comer por dos.

¿Qué es lo importante? Estar bien alimentadas y seleccionar, solo por unos meses, lo que comes. Manejar la tentación de lo banal es más sencillo cuando se piensa en el bebé.

A grandes rasgos, te dejo algunas sugerencias para calmar ese apetito voraz de los primeros meses y la inevitable ansiedad que llevas entre manos:

  • Realiza cuatro o cinco comidas diarias. No te saltes ninguna comida. Es importante comer poca cantidad varias veces al día.
  • Visita la cocina y el frigorífico lo menos posible.
  • Mastica los alimentos despacio. Tu estómago requiere al menos 15 minutos para enviar el mensaje de saciedad a tu cerebro.
  • Anota lo que comes, de esa forma podrás valorar objetivamente tus comidas.
  • Ten a mano zanahorias peladas, fruta preparada, trozos de apio y verdura  lista para ser consumida.
  • Déjate seducir diariamente por las ensaladas y los alimentos a la plancha.
  • Utiliza infusiones  de manzanilla o tila. El agua caliente provoca saciedad de forma inmediata.
  • Prémiate de vez en cuando, porque te lo mereces, con algún “alimento prohibido” en pequeñas cantidades.
  • Haz una lista de esas comidas censuradas que comerás al volver a casa tras el parto.

Posponer los refuerzos a largo plazo es más beneficioso que esa ‘pegajosa’ sensación de saber que has obrado de forma errónea. Usa con frecuencia la palabra calidad y, ante la duda, piensa en ti misma y en  el ser que llevas dentro. Serán sólo unos meses, después tienes la vida entera para comer lo que te apetezca. Come sano y a disfrutar.

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